El líder de equipo, decidió aventurarse en la misma ruta, donde meses antes perdieron a uno de los equipos de asalto. (No os podéis imaginar el mal royo que da, cuando te das cuenta de que estas en la misma vaguada )
Empezaron el descenso por la misma, con el objetivo de llegar a una pequeña fábrica al final de ella. Durante el descenso, buscaban pequeños detalles del paso del anterior equipo, no había cuerpos, pero la historia la contaban los propios arboles como los libros que surgen tras el proceso del papel o de cómo un árbol se vuelve papel. Las marcas de impacto de balas en sus troncos contaban una historia amarga y cruda. Había que terminar el libro quizá al final de la historia pudiera haber algún superviviente retenido en la fabrica.

No sabían que lo que estaban leyendo, era el prologo de su propia historia en un pequeño mundo situado entre las realidades, donde se produjo un ligero temblor, un murmullo se elevó como el de una colmena y una hoja cayó flotando. Una breve ráfaga de aire recorrió la vaguada y aquello sí que resultó asombroso, porque en la tierra de la Muerte el aire siempre era cálido y estaba inmóvil.
A la Muerte le pareció oír, de forma muy fugaz, el ruido de unos pies a la carrera y una voz que decía, no, una voz que pensaba: <<"¡Ohmierdaohmierdaohmierda, voy a morir, voy a morir, voy a MORIR!">>.
Las balas comenzaron a zumbar como abejas furiosas protegiendo su colmena ante unos intrusos que avanzaban sigilosamente por una vaguada hacia su reino.
( La Muerte, se sacó con cuidado unas cuantas abejas que se le habían perdido en las profundidades del cráneo y se retiró a su estudio. Mientras se sentaba a su mesa de trabajo, la Muerte suspiró y miró con atención. )
Nos disparaban desde la fabrica y conseguimos ver a un grupo que intentaba franquearnos desde la derecha. Tomando las pocas coberturas de las que disponíamos devolvíamos el fuego a duras penas. Moviéndonos con la avidez de una serpiente que intenta conseguir la comida del día, conseguimos acabar con los enemigos que nos flanqueaban. Había que ser rápidos, los enemigos de la fábrica quizá habrían pedido refuerzos.
Seguíamos avanzando, devolvíamos el fuego, dejábamos tras nosotros cargadores, casquillos y cuerpos vacíos. Cada metro avanzado, cada enemigo derribado, era un éxito en está misión.
Nuestros muchachos habían conseguido lo que nunca antes consiguieron incontables invasores, diversas guerras civiles ni la ley del toque de queda. Habían pacificado el lugar.
Nos encontrábamos en el patio de la fabrica, buscando algún superviviente. Fue entonces cuando surgió el ruido de un motor de la nada, cruzando a toda velocidad el patio haciendo un ruido que raspaba directamente sobre el alma y apareció a través de la pared. Se oyó un grito débil y lejano que parecía decir: <<¡Ohdiosesohdiosesohdioses, ya ESTÁ, voy a MORIR!>>
Más tarde desperté gradualmente de la modorra. Algo invisible que gritaba a pleno pulmón estaba cruzando hasta el último rincón de mi cerebro ( - Oye, no tengo todo el día -dijo la Muerte en todo de reproche.)
Grande Astarod! Sigue asi!
ResponderEliminarMuchas gracias!! Me alegro que te guste.
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